La historia es simple. Yo soy uno más del montón, me diferencio en la voz y la forma de utilizarla. No todos tienen mi habilidad, pero todos tienen en sí el regalo del odio. Yo no sé cantar, pero muchos dicen que mi voz es casi tan linda como la de cualquier messo-soprano. Tampoco puedo recitar poemas de Neruda y la Mistral, pero mi voz dice mucho.
Dice tanto que a veces la desconozco, las ideas son más rápidas que lo que mi lengua quisiera controlar.
2 comentarios:
casha tengo blog too!
que lindo lo escrito la dura.
santiago estos dìas me congela todo!
ya empiezo a odiar el frìo u.u
te quiero quieroo :)
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